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Se desencadenan protestas violentas en Kenia tras reelección de presidente Kenyatta — RESUMEN

Se desencadenan protestas violentas en Kenia tras reelección de presidente Kenyatta — RESUMEN

La policía keniana asesinó al menos a 11 personas en una represión contra las protestas mientras la ira de la reelección del presidente Uhuru Kenyatta estalló en la ciudad occidental de Kisumu y los barrios que rodean la capital, dijeron funcionarios y testigos.

Diversas agencias han informado que los cadáveres de jóvenes tiroteados en el barrio de Mathare, de Nairobi, fueron llevados a la morgue de la ciudad.

Un día antes de las elecciones en Kenia, la mayor parte del país se encontrada bajo una calma que sólo duro hasta pocas horas después de que se dieran los resultados previos con el triunfo del actual Presidente.

El Gobierno de Kenia negó hoy que haya manifestaciones con víctimas mortales en diferentes puntos del país, y aseguró que únicamente se han registrado incidentes violentos aislados provocados por criminales, que han recibido una respuesta "apropiada" por parte de la Policía. Los jóvenes murieron durante las operaciones anti-saqueo de la policía, agregó.

En declaraciones a la prensa en Nairobi, Chiloba aseguró que las acusaciones del líder opositor y candidato a la presidencia, Raila Odinga, sobre un fraude masivo electoral no tiene fundamento y que nadie ha manipulado los resultados.

El presidente de la Comisión Electoral, Wafula Chebukati, recordó a la oposición que su institución es la única autoridad competente para gestionar la organización y los resultados de unas elecciones.

Guterres, que felicitó a los electores de Kenia por las elecciones pacíficas del 8 de agosto, pidió a los líderes políticos que se enfrentaron en las urnas a que hagan un llamado urgente a sus seguidores para poner fin a la violencia surgida tras los comicios, y que ha costado la vida de decenas de personas.

Kenyatta ganó con un 54% de los votos frente a casi el 45% de Odinga, pero la disputa sobre la integridad del proceso electoral ensombreció lo que muchos kenianos esperaban sería una celebración de la democracia en una potencia regional conocida por su fortaleza económica y estabilidad a largo plazo.