Gabriela Guerra Rey
Periodista y economista, especializada en temas ecológicos y económicos, trabajó para la Agencia de Noticias Prensa Latina S.A. en varias áreas, entre ellas como corresponsal en México año 2009. Colaboradora de diversos medios de prensa escrito y radial, escritora de programas dramatizados y guiones de cine. En 2010 publicó su primer libro de divulgación científica en coautoría con Félix Guerra. Actualmente cursa maestría de economía en la Universidad Nacional Autónoma de México y es coordinadora editorial de Ecoperiodismo.com
El Amazonas es la mayor reserva mundial de agua dulce que se ramifica en caminos líquidos. Es el imperio del agua atravesando la selva que forma el pulmón más dilatado del planeta: la Amazonía.
El término mito deriva del concepto griego de silencio. El mito guarda silencio al mismo tiempo que habla con un susurro. El mito se sumerge y brota más tarde del resurgidero: se coaligan imaginación y lenguaje, pensamiento y memoria secular, así como lo que no resulta simplemente literal o visible. Se alimenta además de un resplandor y asombro colectivos.
Las Amazonas, potencia femenina, son la representación de uno de los mayores mitos de la historia y el arte escrito y encarnan "la matriz que debe ser interpretada por la energía del Grande Arquitecto del Universo, e inseminada por la energía masculina, para lograr la multiplicación de las formas físicas", dice Apiano León de Valiente.
Hembras guerreras de los tiempos fabulosos que, según la mitología, formaban en Capadocia (región antigua del Asia Menor), una nación belicosa de mujeres, regidas por una reina suprema. El nombre proviene del griego Amadzónes, que significa "la que no tiene seno", pues asegura la leyenda, se quemaban el derecho para poder disparar el arco con destreza.
La mitología atribuye la formación del país de las amazonas a los descendientes de Nino, fundador del imperio Asirio, quien se retiró con sus partidarios a la Sarmacia Asiática, más allá del Cáucaso. Los hombres del imperio fueron finalmente exterminados por los pueblos vecinos conjurados contra ellos.
Las mujeres, para vengar la afrenta y velar por su propia seguridad, establecieron un singular estado. Eligieron reina, renunciaron al matrimonio, suprimieron a los varones sobrevivientes, se adiestraron en el uso de las armas y adquirieron costumbres beligerantes.
Para perpetuar la especie, las que daban muerte a tres enemigos, era autorizadas para buscar en las fronteras del país uniones efímeras con vecinos varones. Los machos provenientes de estas uniones eran muertos, mutilados o enviados a sus padres. Las hijas, en cambio, eran adiestradas en el manejo de las armas y el arte de la guerra.
Según la mitología griega, las amazonas descienden de Ares (Marte) dios de la guerra, y de su propia hija, la ninfa Armonía. Por ser un pueblo guerrero, su diosa principal era Artemisa, la cazadora. Se les atribuye la fundación de Éfeso y la construcción del gran templo de Artemisa.
Este pueblo femenino sometió a Crimea y Circasia, hizo tributarias a Iberia, Cólquida y Albania, hasta que, al fin, fueron vencidas por Hércules. Uno de los 12 mitológicos trabajos de Hércules fue adueñarse del cinturón de Hipólita, reina de las Amazonas.
Sin embargo Hera (esposa de Zeus) debido a sus celos, provocó una rebelión entre las amazonas y Hércules tuvo que matar a Hipólita. Las mujeres en protesta y sublevación por este y otros hechos, hicieron entonces la guerra contra Atenas. Pero fueron derrotadas por los atenienses liderados por Teseo.
Muchos son los cronistas y exploradores que dejaron registradas sus experiencias en encuentros con estas fabulosas y míticas damas en diversas regiones del universo.
En el año 1542, el navegante español Francisco de Orellana, protagonista de la primera navegación completa del Amazonas, bordeó las orillas del río Marañón hasta encontrar que desembocaba a un desconocido y caudaloso torrente que resultó uno de los mayores del planeta. Se sorprendió sobremanera al observar, en sus orillas, la existencia de un grupo de mujeres guerreras, diferentes a cualquier tribu existente en esas comarcas.
No solo Orellana relata el encuentro con esta etnia de mujeres blancas, también Juán de Acuña ratificó su existencia. Incluso Von Humboldt, descubridor de la geografía americana, en su viaje por la Amazonía, las menciona, sin dejar duda alguna de su presencia.
Así, la historia premió al gran río con el nombre de Amazonas. En época de Orellana, no se sabía aún que los nuevos descubridores llegaban a un continente desconocido, por lo que suponían que esas mujeres serían las mismas que describió Marco Polo en sus célebres viajes.
Es solo la historia abreviada de un nombre, que por su carácter legendario, le aporta al inmenso río, a la desmesurada cuenca, a la gran selva, un destello de fastuosidad y misterio. Es un vasto territorio cargado también de mitos, leyendas, tradiciones y fábulas propias, donde las tribus indias todavía habitan, algunas incluso sumergidas en sus civilizaciones de antaño, al estilo de las viejas maneras de existir.
A pesar de siglos de esfuerzo por superar el dominio de la naturaleza, la huella humana sobre el medio solo ha sido significativa en las últimas décadas. Excepto en la zona de la desembocadura, la cuenca amazónica constituye una de las regiones menos habitadas del mundo y gran parte del territorio que drena al sistema del río no ha sido nunca explorado con profundidad.
El Amazonas es la mayor reserva mundial de agua dulce que se ramifica en caminos líquidos. Es el río grande del continente que descubrió Cristóbal Colón, el río colosal que vio Vicente Pinzón y navegó a plenitud Francisco de Orellana, asombrado de sus dimensiones. Es el imperio del agua atravesando la selva que forma el pulmón más dilatado del planeta: la Amazonía.
La amazonía, robusto paisaje de América, es un verde universo ecuatorial donde persiste el hombre amazónico en eterna dependencia del cíclico régimen de las aguas. Es igual el territorio exuberante que resiste bajo constante amenaza de destrucción por la acción del ser humano. Podría ser, si no se equilibra la relación hombre-naturaleza, el territorio que protagonice uno de los mayores desastres ecológicos del siglo XXI.
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